Si lograras ver el camino del viento en otoño,
que no se cansa,
y que pinta el ambiente de toborochi y tajibo.
Si entendieras el amor oculto en la neblina,
ese amor que el sol no puede matar
porque regresa a la mañana siguiente.
Si compartieras el brillo de la luna,
si las estrellas te confundieran al mirarlas.
Si pudieras corregir mis erratas
e impedir que lluevan mis muletillas.
Si el café te regalara su aroma.
Si el girasol te siguiera todo el día.
Si el reloj te esperara cada segundo.
Si los poemas dijeran tu nombre.
Si mis pensamientos gritaran.
Igual, todo seguiría igual.
Todo estaría en su lugar.
Pero, si tú me sonríes…