No soy nuevo, tampoco viejo.
He escrito versos que pocos oyeron
y borré otros que nadie entendió.
Hoy no vengo a convencer al algoritmo
y aunque suene un poco egoista
vengo a recordarme por qué escribo:
Escribo para darle nombre al dolor,
para poner rimas consonantes al silencio,
para quien necesite una palabra cuando falten las demás.
Escribo para una catarsis del corazón, del pensamiento, del recuerdo.
Escribo porque no hay notas musicales en mi guitarra
que concuerden con la melodía de las décimas.
Escribo por si acaso llueva en una noche de luna llena
y por si suena el celular que encienda tu sonrisa.
Si estás ahí, y si el algoritmo cruzó nuestros caminos,
y si esto te toca; entonces ya no empiezo solo.
Vuelvo. En letras. En versos. Con rabia.
En décimas. Con voz. Con más ansiedad.