Tuve que ser directo,
nunca le había hablado de esa manera;
pero era necesario ser sincero;
y no se si fuí muy duro o demasiado brusco;
es que era urgente decírselo así.
Lo miré fijamente y le dije:
“Mira, de hombre a hombre te hablo,
ya no sigas, por favor ya no sigas más,
ya no hay nada más por hacer,
no necesitas humillarte más.
Tú sabes de lo que hablo”.
Por suerte,
el hombre del espejo entendió
y asintió con la cabeza.