Mirarte y detallarte;
saludarte en las mañanas
y hacerte creer que le interesas.
Llamarte para comer,
animarse a viajar y volver;
para que te mienta sin remorder.
Didicarte una canción;
desprender emoción
e inventarte una conversación.
Eso lo hace cualquiera.
Robarte una caricia o un beso
que parezca intenso; pero sin peso.
Llevarte flores y perfumes,
así cree tenerte y todavía lo presume.
Eso lo hace cualquiera.
Sí, cualquiera que tenga manos, órganos ociosos,
ojos viajeros con un ci raspando los 70,
cualquiera con razones pobres y tiempo que le sobre.
Pedir tu silencio, tus resfríos,
tus dolores de espalda,
pedir tus peores días, tus mañanas,
tus enojos, tus frustraciones,
tus rabias, tus historias ocultas…
eso lo hace cualquiera,
pero yo… yo lo hago poesía.