La Certeza De Su Presencia

Él no necesita el trueno para ser firme,
pero algo en suelo se aquieta cuando llega;
hay una forma en el aire de saber que ha vuelto
quien cuida sin condiciones.
Tiene esa manera de lo que resiste sin decirlo,
lo he visto hacerse silencio para no romperse,
ordenar su mundo con palabras breves
y dejar, en el centro de la casa,
la certeza de su presencia.
No exhibe sus cicatrices,
las guarda en la calma de sus manos,
donde a veces pesa el cansancio
y, sin embargo, sostiene.
Él, incluso cuando el ruido aturde,
no se impone. Permanece.