Nunca más volvió a escribir.
Ya no había signos,
puntuaciones ni metáforas.
No había palabras nuevas,
ni nuevos párrafos.
Solo así, dejó de escribir.
Dejó de leer,
de absorber tildes,
rimas y versos.
Solo se dedicó a esconder
lo que supuestamente iba a perder
y, así, de a poco, comenzó a doler.
Nunca volvió a escribir.
Solo quería sobrevivir.
Dejó de vivir
para simular lo que es existir,
y así piensa seguir hasta morir,
como si eso le ayudara
a definir su porvenir.
Prefiere huir.
Y por eso dejó de escribir.