¿Y qué hago si ya te quiero?
Porque es sencillo decir que todo pasará,
simple es soltar, sería la retórica para suavizar el golpe.
Es mentira, una gran mentira como la de mamá
cuando me dijo que no me dolería la inyección
o que no dolería limpiar mi rodilla raspada.
Ahí está la herida, no sangra, solo duele.
La pregunta es sencilla:
¿Qué hago si ya te quiero?
Tu silencio no ayuda, es agudo como grillos nocturnos.
Tus mensajes insípidos, que apenas me saludan,
y debo leerlos varias veces para engañarme,
para decirme que lo haces con cariño.
Te cuestiono con gran duda:
¿Qué hago si ya te quiero?
No hay respuesta lógica,
tu algoritmo no es compatible con mi mente.