Mientras intento vivir sin ti,
paso los días matando algunas rimas,
asfixiando tu nombre
—el que no te gusta—
ahogando las ganas
de llegar hasta tu timbre,
encarcelando mi sonrisa
por tus chistes.
Secuestrando los recuerdos
que insisten en llevarme a ti,
amarrando las palabras
que alguna vez quise decirte,
torturando las canciones
que saben demasiado de nosotros,
condenando al silencio
cada “todavía te extraño”,
ejecutando lentamente
las esperanzas de encontrarte.
No es masoquismo emocional;
solo intento vivir sin ti.